Sobresale especialmente por su perfección constructiva: el
material narrativo se dispone de manera que pese a anunciarse el desenlace en
la primera página, mantiene durante toda la novela intrigado al lector, sólo en
el último capítulo se llega a comprender el
montón de fatales circunstancias que condujo a un crimen tan fácilmente
evitable y que nadie deseaba.
No cambiaría algo de la obra porque tal cómo fue bastante de
mi agrado; aunque sí me dio rabia no saber con seguridad quién fue el que le
quito la virginidad a Ángela, ya que la novela da a entender que el pobre
Santiago murió por un acto que no cometió. Pero haber sabido le hubiera quitado
algo a la obra, así que quizás la incógnita es un atributo más favorable que el
haber sabido qué en verdad sucedió con Ángela.
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